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El pasado 27 de junio, la profesora Teresa Sosa impartió su taller “De la ansiedad a la calma”. Sosa es socióloga, filósofa y especialista en trabajo social; además, ha trabajado como consejera del PNUD en Nueva York y como consultora en múltiples empresas y entidades gubernamentales. En la actualidad, Teresa es profesora en el Decanato de Ciencias Políticas de la Universidad Simón Bolívar de Venezuela.

“En el mundo en que vivimos, de altísima velocidad, las células del cuerpo viven aceleradas y, en esa aceleración, nuestro mecanismo tiende a la ansiedad.”

Teresa comienza su taller interactivo invitando a los participantes a ponerse en pie y a unirse a ella en unos ejercicios de relajación y mindfulness. Para ello, dirige una serie de métodos de respiración y anima a los asistentes a estirarse, bostezar y reir. Finalmente, emplea unos minutos en realizar técnicas de tapping sobre los principales puntos de energía del cuerpo según la medicina oriental.

Teresa hace una reflexión, desde una perspectiva neurocientífica, sobre cómo los niños llevan a cabo, de forma natural, estos ejercicios de estiramientos y bostezos para reorientar su atención cuando cambian de actividad. La cultura occidental nos enseña que estas prácticas son de mala educación, reprimiendo un hábito que, según Teresa, debemos retomar.

Los estudios más recientes sobre la ansiedad señalan la preocupación como uno de los aspectos clave en el desarrollo del estrés. La preocupación es una función natural del cerebro, integrada en la neocorteza, que nos permite dar respuestas y resolver problemas para adaptarnos al entorno y sobrevivir. Se trata de una función de la imaginación y del pensar, dos facultades exclusivas del ser humano que se pueden utilizar de forma constructiva. Preocuparse de forma malsana hace que la imaginación divague y cree escenarios perturbadores que dan lugar a la ansiedad. Teresa hace hincapié en que podemos entrenar nuestra mente para pensar y preocuparnos de manera sana.

“El cerebro es un órgano increíble. La gente
puede aprender a usarlo de forma útil.”


La preocupación malsana genera ansiedad, y la ansiedad, a su vez, da lugar al estrés.
El estrés constituye una respuesta física ante una amenaza real o imaginada, puesto que el cerebro es incapaz de hacer distinción entre ambas. Esto pone de manifiesto la interconexión entre la imaginación, la preocupación, la ansiedad y el estrés: imaginar y preocuparse por una amenaza poco realista genera un estado de ansiedad y estrés que se manifiesta físicamente y afecta al sistema inmunológico.

Para lidiar con una situación de estrés, Teresa anima a los asistentes a controlar su respiración e imaginar que están tranquilos con el fin de inducir esa sensación de calma en su ser físico, logrando una conexión entre cuerpo y mente.

El cerebro es neuroplástico, es decir, se puede entrenar para cambiar patrones de conducta y crear hábitos de pensamiento positivos y beneficiosos. Aprende a identificar el origen de la ansiedad y a utilizar el poder de tu mente de manera útil con el taller “De la ansiedad a la calma”.

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